miércoles, 6 de marzo de 2013

EL LEGADO DE LOS NAYARITAS ILUSTRES

Juan Escutia
(1827-1847)
Cadete Juan Escutia, uno de los seis conocidos como “los Niños Héroes”, que murieron en la defensa del castillo de Chapultepec, sede del Colegio Militar, contra los norteamericanos en 1847. Cabe aclarar que se les llamó “Niños” por la corta edad de algunos de ellos, como el jalisciense Francisco Márquez, de 13 años y quien sucumbió en su puesto de centinela cuando marcó el alto a una columna del batallón de Nueva York, que avanzaba hacia él formada y a paso veloz.

Escutia se envolvió en una bandera nacional que estaba a punto de ser capturada por los invasores y se lanzó al vacío para evitar que esto ocurriese, muriendo al estrellarse contra las rocas. Aunque no se sabe con certeza si los padres de Escutia fueron vascos, pues no existen datos al respecto, por su apellido y por ser originario de Tepic, en ese entonces cantón de Jalisco, zona de colonización de los vascos desde tiempos de los Ibarra y los Oñate, se puede deducir que sí lo eran.

  • Y fue precisamente en Chapultepec donde el Batallón Activo de San Blas se convirtió en el principal protagonista de la batalla por su heroica defensa del punto contra fuerzas superiores en número pues se mantuvo en su posición hasta el último hombre, sin retroceder ni un paso y puso en graves aprietos a la división Pillow, cuyo comandante tuvo que solicitar refuerzos apresuradamente. Era fue comandante del Batallón de San Blas, el valiente Tte. Corl. Felipe Santiago Xicoténcatl, quien murió en la acción, pero el anterior comandante fue el Tte. Corl. Francisco Novoa Palacios y entre sus ayudantes encontramos los nombres del Tte. Corl. Florencio Azpeitia y del Tte. Corl. José María Uzeda.
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      Esteban Baca Calderón
    (1887-1957)
    Nació en Acuitlapico, Municipio de Santa María del Oro, Territorio de Tepic, el 6 de mayo de 1887, hijo de Jesús Baca Calderón y Vita Ojeda. Sus primeros estudios los realizó en Ixtlán del Río y en la Escuela Superior de Tepic. En 1906 fue maestro en Mazatlán, trasladándose a Cananea donde fundó el "Club Unión Liberal Humanidad". El 5 de mayo de 1906 exhortó a los mineros a rebelarse contra los malos tratos y los bajos salarios, convenciéndolos para irse a la huelga. Baca Calderón y Manuel M. Diéguez, fueron acusados de asesinato y condenados a 15 años de prisión en San Juan de Ulúa. En 1912, una vez liberado de prisión por las fuerzas revolucionarias fue Presidente Municipal de Cananea y director de la Escuela Buenavista. En diciembre de 1912 dirigió con Juan José Ríos la huelga de Cananea, siendo encarcelado en Hermosillo. En 1913 combatió en Naco, Sonora incorporado a las fuerzas de Alvaro Obregón participando en el sitio de Culiacán, donde perdió un ojo. En 1915 Gobernador Interino de Colima. En 1916 Director General de Rentas de Jalisco. Diputado Constituyente y en 1929 Gobernador Constitucional del Estado de Nayarit. Fue Presidente de la Junta de Mejoras Materiales de Laredo. Jefe de Establecimientos Fabriles Militares. En 1939 alcanzó el grado de General de División. Tres veces Senador de la República. En el año de 1956 fue honrado con la Medalla "Belisario Domínguez". Murió en la ciudad de México el 29 de marzo de 1957.



  • NAYARIT COLONIAL



  • EL LEGADO DE LOS NAYARITAS ILUSTRES
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  • José Amado Ruiz de Nervo; Tepic, Nayarit, 1870 - Montevideo, 1919) Poeta mexicano. Hizo sus primeros estudios en el Colegio de Jacona, pasando después al Seminario de Zamora, en el Estado de Michoacán, donde permaneció desde 1886 hasta 1891.

    Amado Nervo
    Los problemas económicos que atenazaron a su familia, un hogar de clase media venido a menos, le forzaron a dejar inconclusos sus estudios eclesiásticos, sin que pueda descartarse por completo la idea de que su decisión fuera también influida por sus propias inclinaciones. En cualquier caso, siguió alentando en su interior una espiritualidad mística, nacida sin duda en estos primeros años y que empapó su producción lírica en una primera etapa; en ella meditó fundamentalmente sobre la existencia humana, sus problemas, sus conflictos y sus misterios, y sobre el eterno dilema de la vida y la muerte.
    Abandonados los estudios, empezó a ejercer el periodismo, profesión que desarrolló primero en Mazatlán, en el Estado de Sinaloa, y más tarde en la propia Ciudad de México, adonde se trasladó temporalmente en 1894. Sus colaboraciones aparecieron en la Revista Azul. Junto a su amigo Jesús E. Valenzuela, fundó la Revista Moderna. Estas dos publicaciones fueron el resultado de las ansias e impulsos modernistas que aparecieron, en aquella época, en todos los rincones de la Latinoamérica literaria y artística.
    En 1900, el diario El Imparcial lo envió como corresponsal a la Exposición Universal de París, donde residiría durante dos años. Entabló allí conocimiento y amistad con el gran poeta nicaragüense Rubén Darío, quien más tarde diría de Nervo: "se relacionó también con el grupo de literatos y artistas parnasianos y modernistas, completando de ese modo su formación literaria."
    Todos los estudiosos parecen estar de acuerdo en afirmar que adoptó los principios y la filosofía del Parnaso, grupo de creadores franceses que intentaba reaccionar contra la poesía utilitaria y declamatoria tan en boga por aquel entonces, rechazando también un romanticismo lírico en el que los sentimientos, las encendidas pasiones y las convicciones íntimas de los autores, interfiriendo en su producción literaria, impedían, a su entender, el florecimiento de la belleza artística pura.
    En París conoció a la que iba a ser la mujer de su vida, Ana Cecilia Luisa Dailliez, con la que compartió su vida más de diez años, entre 1901 y 1912, y cuyo prematuro fallecimiento fue el doloroso manantial del que emanan los versos de La amada inmóvil, que no vio la luz pública hasta después de la muerte del poeta, prueba de que éste consideraba su obra como parte imprescindible de su más dolorosa intimidad. Su Ofertorio supone, sin ningún género de duda, uno de los momentos líricos de mayor emoción, una de las joyas líricas más importantes de toda su producción poética.
    Cuando regresó a México, tras aquellos años decisivos para su vida y su formación literaria y artística, ejerció como profesor en la Escuela Nacional Preparatoria, hasta que fue nombrado inspector de enseñanza de la literatura. En 1906, por fin, ingresó en el servicio diplomático mexicano y se le confiaron distintas tareas en Argentina y Uruguay, para ser finalmente designado secretario segundo de la Legación de México en España.
    En 1918 recibió el nombramiento de ministro plenipotenciario en Argentina y Uruguay, el que iba a ser su último cargo, pues, un año después, en 1919, Amado Nervo moría en Montevideo, la capital uruguaya, donde había conocido a Zorrilla San Martín, notable orador y ensayista con el que trabó estrecha amistad y que, a decir de los estudiosos, influyó decisivamente en el acercamiento a la Iglesia Católica que realizó el poeta en sus últimos momentos, un acercamiento que tiene todos los visos de una verdadera reconciliación.
    La obra de Amado Nervo
    Poeta y prosista, el valor de su prosa desmerece, sin embargo, si se la compara con sus producciones en verso. Nervo es, efectivamente, un auténtico poeta modernista, verdadero hijo literario de Rubén Darío, plenamente mexicano; las intuiciones religiosas de su juventud le inspiraron las páginas de sus Perlas Negras y sus Místicas (1898), en las que puede encontrarse su célebre A Kempis, cuyo encendido lirismo no podría ya superar el poeta.
    Más tarde, su mexicanidad se atempera por su estancia y sus contactos en París; la influencia francesa y, sobre todo, la española y la latinoamericana, concretada en el indiscutible maestrazgo de Rubén Darío y Leopoldo Lugones, confieren al espíritu, el sentimiento y la obra de Amado Nervo una dirección menos mística, unas preocupaciones menos religiosas, aunque impregnadas de un panteísmo que le da mayor universalidad, un pálpito más liberal y humano.
    Es la etapa en la que escribe sus Poemas (1901), seguidos en 1902 por El Éxodo y las flores del camino, Hermana agua y Lira heroica. El ciclo se cerrará en 1905 con la aparición de Los jardines interiores. Todas sus producciones muestran un exquisito refinamiento, una indiscutible preocupación por la perfección de la forma y el absoluto protagonismo de la estrofa dentro de la escritura.
    En 1909 publica En voz baja, obra que supone el inicio de su andadura hacia la paz espiritual que, a raíz de la muerte de su amada, dará paso a la profunda transformación que vivirá el poeta y que, en consecuencia, impregnará toda su obra; no puede olvidarse que los conmovidos versos de La amada inmóvil fueron escritos en 1912, aunque sólo aparecieran póstumamente, en 1920. A la misma época pertenece también Serenidad (1914).
     

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